Los efectos del atentado terrorista sobre América Latina

 
En el mundo diez millones de personas más vivirán por debajo de la línea de pobreza, es decir, con menos de 1 dólar diario, y miles de niños morirán en los países pobres a causa del atentado terrorista del 11 de septiembre. Esa es la primera evaluación del Banco Mundial sobre los efectos del atentado. Y ese puede ser un escenario optimista porque parte de asumir que las economías de los países desarrollados se recuperarán de la recesión a mediados del año 2002. Un escenario más crítico ha sido planteado por analistas independientes que estiman que el atentado sincronizó el ciclo recesivo ya iniciado en Japón, Unión Europea y los Estados Unidos. En este evento y dependiendo de la modalidad y profundidad que adopte la guerra internacional contra el terrorismo, podemos estar ante un largo ciclo recesivo en el cual los perdedores serán los más pobres del mundo.

Para estimar los efectos económicos sobre América Latina podemos considerar cuatro dimensiones del impacto esperado:
 
a) En el ámbito financiero, tal vez el de efectos más inmediatos y críticos, los analistas concuerdan en que para la región se cerró aún más el acceso al crédito y a la inversión extranjera. Esto porque los capitales buscarán las inversiones de menores riesgos. El financiamiento será exclusivamente de fuentes como el FMI y el Banco Mundial, sometido a mayor restricción y asociado al pago de la deuda externa. Aún así, en el corto plazo América Latina se verá beneficiada por reducciones en el servicio en la deuda externa, al menos en el componente de la deuda pactado a tasas de interés flexibles, gracias a las rebajas en la tasa realizadas por la Reserva Federal. Por desgracia, los países de la región no podrán aprovechar la mayor liquidez en dólares porque simultáneamente aumentará el riesgo país, lo cual obliga a mantener altas las tasas de interés internas para evitar fugas de capital, como está ocurriendo en Argentina. En esas condiciones la recuperación económica se verá aplazada.

b) En el nivel productivo la mayor preocupación es qué va a pasar con las exportaciones de América Latina. Ante el cierre financiero las divisas de las exportaciones resultan vitales para la región. En el corto plazo los países comercialmente más vinculados a los Estados Unidos sufrirán el impacto de la retracción del consumo en ese país. México, Centroamérica, el Caribe, Colombia y Ecuador parecen los más afectados. Especialmente las industrias del turismo, el transporte y la maquila, en las cuales tenían sus esperanzas el Caribe y Centroamérica. En el mediano y largo plazo todos dependen del ciclo económico mundial.

Dos consideraciones: dado que la guerra que se avecina no será una guerra convencional y posiblemente no involucre grandes desplazamientos de ejércitos sino que será una guerra de redes de información, tecnología y seguridad especializada, los insumos que requiere la movilización militar no significan nuevas demandas de productos que beneficien el empleo en América Latina, es decir las exportaciones. Segundo, a pesar de que en la agenda estadounidense con América Latina la seguridad desplazó al comercio de las prioridades, en todo caso, en mi concepto, la necesidad de construir una alianza regional antiterrorista que implique la estabilidad social y política de la región puede obligar a las partes a replantear los términos de la integración comercial hemisférica. Esto es, el ALCA puede ser relanzado de forma tal que minimice los costos sociales de la liberación comercial y compense los esfuerzos mutuos en seguridad hemisférica. Inclusive acuerdos de libre comercio como el que se está negociando entre MERCOSUR y Estados Unidos, pueden abrirse paso ante el riesgo de crisis regional (empezando por Argentina) y terrorismo internacional. De hecho la semana posterior al atentado el representante comercial de los Estados Unidos, Robert Zoellick, confirmó para octubre la convocatoria del Consejo Sobre Comercio e Inversión donde las partes discutirán los temas de agricultura, industria, inversiones y comercio electrónico.

En un escenario pesimista, que tratará de ser evitado por todos, tendríamos: caída de la economía estadounidense -- escalamiento del proteccionismo americano - caída de las exportaciones latinoamericanas - crisis financiera y cambiaria - cierre de las economías latinoamericanas - caída de las importaciones regionales -- aumento de la inestabilidad social y política regional.

c) En la actual coyuntura los países exportadores de petróleo tienen una perspectiva menos crítica que los no exportadores. En el corto plazo la amenaza de recesión mundial ha conducido a la caída de precios del combustible, pero a largo plazo la amenaza de que la guerra termine involucrando a los países árabes productores de petróleo genera expectativas favorables para países como Venezuela, México y en menor medida para Ecuador y Colombia.

d) Dos conclusiones cínicas sobre la guerra: Primero, la amenaza terrorista llegó para cambiar la vida a futuro de los seres humanos. Seguramente, como en las anteriores guerras, la humanidad encontrará alternativas tecnológicas para su defensa que luego, en tiempos de paz, significarán beneficios en productividad y bienestar. La energía nuclear y la Internet son dos ejemplos. Segunda conclusión. Luego de las dos guerras mundiales, y de otras grandes guerras, las deudas externas se saldaron o se reestructuraron definitivamente. Muchos afirman que estamos en la tercera guerra mundial o en la primera del siglo 21. ¿Será que Argentina resiste hasta después de la guerra?

Comunicado de prensa, Banco Mundial

Manuel Castells, "Análise: Guerra das Redes," Folha de São Paulo, 21 de septiembre de 2001, http://www.uol.com.br/folha/mundo/ult94u29660.shl