El conflicto armado en Colombia: un conflicto sin fin

Por Martha Lucia Pinzón

  
El conflicto armado en Colombia parece no tener fin. No solo se ha incrementado sino que ha aumentado también una sensación colectiva de inseguridad y temor por parte de la sociedad civil de ese país, ante los repetidos episodios de secuestros, extorsiones, masacres y actos terroristas cometidos diariamente por la guerrilla y los demás actores del conflicto.

El escalamiento de la guerra y el estado de estancamiento en que se encuentra el proceso de paz que lidera desde hace dos años el Presidente Colombiano, Andrés Pastrana Arango, ha generado también una abierta polarización de la opinión pública en el proceso. Jorge Rojas, activista de la Organización no Gubernamental "Paz Colombia" considera que "Colombia se debate entre dos tendencias antagónicas que tienden a polarizarse, la de quienes apuestan por una salida de fuerza y la de quienes insisten en la salida política y negociada al conflicto armado interno".

Tres son las posiciones que parecen percibirse en el gobierno, las fuerzas políticas y la ciudadanía. Una que interpreta la posición de varios empresarios-como los ganaderos- que ante la indebida utilización de la zona de distensión por parte de la guerrilla y la ola de violencia que se vive en la zona rural, piden al gobierno una salida de choque que incluso se ha concretado al pedir la creación de milicias nacionales y la declaratoria del Estado de conmoción interior para hacerle frente a la difícil situación.

Esta línea esta representada por el político liberal, Alvaro Uribe Velez, quien considera que "después de dos años del despeje militar de 42.000 kilómetros cuadrados y de abandono a 100.000 ciudadanos el resultado es desastroso: en lugar de un laboratorio de paz se ha permitido la consolidación de un paraíso de delincuencia de la guerrilla".

Una segunda proviene del propio establecimiento y se trata de continuar por el camino de la negociación política. En una frase pronunciada por el presidente Andrés Pastrana durante el lanzamiento del Frente Común por la Paz y contra la Violencia - una propuesta política que busca el apoyo al proceso de paz de los partidos liberal y conservador y de los sectores independientes - dijo: "llegó la hora de concertar", con un acento afirmativo que pretendía rescatar el proceso del pantano en que se encuentra dándole un tono mas pluralista y participativo a la negociación.

Un tercera posición, es la que mantienen miles de colombianos que piden ser excluidos del desbordamiento criminal de la guerrilla y los paramilitares que atenta diariamente contra la vida y la libertad de la población civil. Recientemente un numeroso grupo de colombianos salieron en una marcha en Bogotá, pidiendo una tregua de "100 días para la paz. Escalar la paz y congelar la guerra".

La degradación del conflicto y la violación de los derechos humanos ha llegado a un situación sin antecedentes. Ello explica por que aumentan las voces de frustración ante una mesa de negociación que lleva dos años sentada y de la que no hay un solo hecho visible que demuestre resultados positivos.

"Para el ciudadano del común son demasiado altos los costos y muy precarios los resultados", dijo recientemente un editorial del diario colombiano El Tiempo. Y es que encontrar una salida que contrarreste la incredulidad y desconfianza de la opinión publica en el proceso es muy difícil para el Presidente Pastrana.

Según las estadísticas de la Fiscalía General, 194 masacres fueron cometidas por los paramilitares el año pasado y en lo que lleva corrido este año han sido secuestradas mas de 1500 personas. A lo anterior, debe sumarse el enfrentamiento en que se debaten ahora guerrilleros y paramilitares que tiene sumida a la población rural en un baño de sangre.

La semana pasada el grupo guerrillero de las FARC, colocó una bomba en Granada, Antioquia (125 millas al noroeste de Bogotá), asesinando a 29 personas. Supuestamente esta población le había prestado ayuda a los paramilitares y la guerrilla quería darles un "escarmiento". Para Eduardo Cifuentes, Defensor del pueblo, estas masacres son "una prueba clara de la degradación del conflicto, no sólo porque afecta a la población civil sino porque está afectando a la población más pobre".

Para algunos analistas, en Colombia no se puede acabar la guerra si no hay un fortalecimiento y una modernización de las Fuerzas Militares. Pero tampoco se podrá ganar si las élites (políticas, económicas, sindicales, etc.) no abren las corroídas compuertas del poder al pluralismo, la participación y la transparencia.

En suma, vive Colombia un momento muy difícil y desafortunadamente el escepticismo de su gente frente al proceso de paz es total. La población se siente arrinconada e intimidada por los violentos, y paradójicamente, algunos señalan al proceso como causante de esta situación, en razón a que la zona de despeje se ha convertido en un lugar permisivo en donde la guerrilla comete toda clase de violaciones que ponen en entredicho la autoridad del gobierno colombiano. Y de todo esto, como dijo Anders Kompass, delegado de la ONU para derechos Humanos "es la población civil la que esta pagando el mayor precio de este conflicto".

ver: www.colnodo.org/colombiapaz/iniciativa.htm