Elecciones en Nicaragua: masiva participación a favor de la democracia

Por Martha Lucia Pinzón

 
Finalmente, el martes 6 de noviembre pudo conocerse el nombre del nuevo presidente de Nicaragua, Enrique Bolaños, empresario de 73 años y exvicepresidente del actual mandatario (Arnoldo Alemán), elegido por el 54% de los mas de 2 millones de votos depositados por los nicaragüenses, en unas elecciones que registraron una alta participación electoral pero que demostraron un gran retraso de su sistema electoral.

La jornada electoral estuvo caracterizada por largas filas de electores causadas por la demora en la apertura de las mesas de votación, jurados que no se presentaron y fallas en las maquinas destinadas a la verificación de los documentos de identidad. Gabriel Solorzano, presidente del grupo cívico "Etica y Transparencia", entidad que participó durante el proceso electoral con 5000 observadores, indicó que en algunas de las zonas rurales fueron designados en las mesas de votación, campesinos que no estaban familiarizados con la legislación electoral. A lo anterior, se sumaron graves fallas en el proceso de tabulación en el Consejo Supremo Electoral en Managua que demoraron el reporte de los resultados, según lo señaló la misión de observadores del Centro Cárter.

Sin embargo, y apesar de la tardanza del sistema, las elecciones se desarrollaron normalmente, permitiéndole a Nicaragua elegir un nuevo presidente a través de un proceso electoral que cumplió con los estándares internacionales y con unos resultados que reflejaron acertadamente la voluntad del pueblo nicaragüense, de acuerdo con los informes post-electorales de los observadores del Centro Cárter, la OEA y la Unión Europea.

La campaña electoral que antecedió a las elecciones del 4 de noviembre, estuvo marcada (como ya es usual en la carrera por la sucesión presidencial), por acusaciones mutuas entre Daniel Ortega, de 54 años, quien fue mandatario desde 1979 hasta 1990 y excomandante del grupo guerrillero sandinista y Enrique Bolaños, candidato del partido liberal constitucionalista.

Para Ortega, se trató de la tercera derrota desde 1990 cuando perdió las elecciones estando en el poder y dejó el país sumido en un colapso económico y social. A pesar de su slogan de campaña "el amor es mas fuerte que el odio", los nicaragüenses decidieron respaldar a Bolaños, un exitoso hombre de negocios que despertó la confianza a través de un programa de gobierno que prometía empleo, ayuda a los pobres y estimulo a la inversión.

Según lo señaló el analista político, Carlos Fernando Chamorro, al diario New York Times, algunos electores se definieron entre el temor y la desesperacion. Ortega, representaba el temor al asociarlo con el conflicto con Estados Unidos y una economía fuera de control. Y la desesperación, por razones del desempleo, la pobreza y la corrupción. "Bolaños obtuvo a su favor el voto del temor", dijo Chamorro.

Lo cierto, es que la tarea del próximo gobernante será muy compleja pues recibe un gobierno con una deuda externa de 6.600 millones de dólares, equivalente a 10 veces sus exportaciones anuales y un país en donde el 70 por ciento de sus cinco millones de habitantes vive en la pobreza. De ahí, las palabras de Bolaños al reconocer su victoria y considerar que había llegado el momento de construir una nueva nación, basada en la transparencia e integridad en el gobierno, afirmando que actuaría como el presidente de todos los nicaragüenses. "No hay vencedores ni vencidos. La que ha ganado con este episodio es Nicaragua". Ojalá sepa demostrarlo a través de la concordancia entre su discurso, sus acciones y lo ofrecido en su campaña.