Marchas en Venezuela: las dos caras de un país

Por Martha Lucia Pinzón

 
Hace 44 años- según lo recuerdan los historiadores y analistas- la unión de obreros, empresarios, estudiantes, políticos y la sociedad civil, puso fin en Venezuela a la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez. El pasado 23 de enero con ocasión de este fecha, salieran dos marchas, una de la oposición y otra del Gobierno, a celebrar la restauración de la democracia. Sin embargo, como lo reconoció la prensa extranjera, en las pancartas y proclamas otro fue el tema. Las de los antichavistas decían: "Libertad sí, mordazas no", "Venezuela Unida" y "Chávez vete ya". Y los oficialistas: “Sí a la Revolución”, “Respaldamos la Ley de Tierras” y “Dejen trabajar a Chávez”.

Los observadores consideran que lo ocurrido en esta jornada fue una medición de fuerzas entre los seguidores del gobierno y sus opositores. No obstante, para el diario El Nacional esto no significa, como ha venido pretendiendo el presidente Hugo Chávez, que esas marchas simbolizan dos Venezuelas. En realidad solo hay una Venezuela, señala un reciente editorial de este diario, que no quiere resolver sus problemas “con un diálogo de sordos, ni con imposiciones autocráticas, ni con políticas de retaliación o de castigo”.

Contrariamente, la iglesia que se ha visto afectada por los duros ataques de Hugo Chávez, piensa que “en esas dos marchas se enfrentó el pueblo contra el pueblo, y él (refiriéndose al Presidente), aunque no lo reconozca, tiene mucho que ver con ese enfrentamiento entre hermanos”, dijo el arzobispo Roberto Lückert en una entrevista concedida a la prensa. Esto mismo sostiene el analista Ascencio Reyes cuando señala que “las demostraciones del miércoles 23, además de la lectura de la división del país, también tiene otra: ambos bandos están tocando techo y dicen que están dispuestos a todo. En estos términos, lo que se vislumbra es la radicalización de sus posiciones”.

Pero que tan relevante son estas marchas? Para comenzar, se trata de la continuación de las protestas de un sector de la sociedad civil (iniciadas el pasado 10 de diciembre), en donde un amplio sector de la sociedad representado por estudiantes universitarios, maestros, asociaciones comunitarias, gremios profesionales, amas de casa, obreros y empresarios rechazan la actitud beligerante y no piensan tolerar las arbitrariedades de Chávez, y de otra parte, pone en evidencia la polarización de los bandos que permite suponer que seguirán las protestas y manifestaciones en medio de una Venezuela de clases sociales y con un presidente que divide y no aglutina.Ya se habla de más cacerolazos durante los primeros días de febrero y de una caravana de 4 días organizada por el gobierno.

Algunos analistas coinciden en afirmar que se inició una “batalla por la calle”, en donde Chávez quiere demostrar que la huelga del 10 de diciembre y la caída de su popularidad en casi 20 puntos son tan sólo un espejismo, y una oposición, que busca reafirmar que el paro patronal del 10 de diciembre y la marcha del 23 de enero son el comienzo de una fuerza que presionará un cambio de rumbo del Gobierno.

Luis Vicente León, director de Datanálisis, dice que antes que mirar números se debe tener en cuenta que la oposición de la calle le hará más daño al Presidente “si no modifica su estilo o si no rectifica”. Por su parte, el director del diario Tal Cual, Teodoro Petkoff anota: “La única obra de Chávez ha sido reconstruir la oposición”, que hoy agrupa a tres grandes partidos, a 59 organizaciones civiles, a los empresarios y parte de los sindicatos. “Hace un año era imposible imaginarnos esto”.

Lo cierto, es que en menos de 12 meses, el apoyo a la gestión del Presidente se redujo 70% y en los últimos tres años el rechazo creció 75%. “ Cada día que pasa se agota el oxigeno que alimenta a Chávez y las cacerolas amenazan con volver sordos los oídos de los venezolanos”, anota la revista Cambio.

Hay quienes opinan que lo que está sucediendo, es el principio del fin de la ‘revolución chavista’. Pero otros temen, que con el tono pendenciero que mantiene Chávez y sus abiertos desafíos a quienes se opongan ( la semana pasada dijo que la Iglesia Católica venezolana y la cúpula empresarial son dos de los “tumores” que tiene Venezuela), esté recorriendo el camino que lleva de un presidente autoritario a un dictador. Ya su ministro de Defensa, José Vicente Rangel, lo ha dicho: “La lucha será sangrienta y no nos dejaremos quitar el Gobierno”. Así las cosas, queda difícil apostarle a la democracia en Venezuela.