Colombia busca una política más representativa y legítima

Por Martha Lucia Pinzón

 
En una reciente entrevista al Presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, realizada por el diario El Tiempo se le preguntó como creería que deberían funcionar los partidos políticos y cuál sería la relación que mantendría con ellos y contestó: "la relación tiene que ser sin clientelismo para poder cambiar la política; el diálogo frecuente, acuerdos, desacuerdos, y siempre respeto". Y al expresar su posición frente al Estado, respondió: "Colombia tiene un Estado costoso en lo democrático, derrochón, y avaro en lo social. Hay que cambiarlo". Y ésa es la tendencia que está siguiendo el nuevo mandatario al presentar un proyecto de referendo al Congreso de 16 puntos que propone entre otros: un Congreso unicameral (con la posibilidad de una revocatoria de mandato), una mayor descentralización de la inversión social, la fusión o eliminación de algunas entidades, la privatización de empresas del Estado, el desmonte de ciertos privilegios que gozan algunos servidores públicos y la eliminación del servicio militar obligatorio.

Para los observadores, el proyecto de referendo tiene algunos elementos obvios en los que la opinión pública acompañaría al Presidente como son: el voto nominal de senadores y representantes, las causales de la pérdida de investidura de los congresistas, la canalización de más recursos a los sectores de educación y salud y la eliminación de entidades. Y otros altamente inconvenientes, como la reducción del Congreso a una sola cámara.

Este último punto es el que ha despertado la mayor polémica. Según el abogado, Rafael Merchan, "el problema de nuestra desprestigiado Legislativo no radica en su tamaño sino primordialmente en las reglas de juego existentes para su conformación y el desarrollo de su labor". Esta misma opinion la comparten los columnistas, Juan Lozano, al señalar que los males del Congreso no se deben a que sea bicameral "sino en las malas mañas y en una cultura política pervertida" y Hernando Gomez Buendía al considerar que "el remedio no es fundir las dos cámaras, sino diferenciar más sus funciones".

Por su parte, aunque el actual Congreso no está de acuerdo con la revocatoria de su mandato ni que se convierta en unicameral, tiene interés por reformar los partidos políticos y las actividades propias del Legislativo asi como reglamentar el ejercicio de la oposición, y organizar las bancadas.

Las opiniones coinciden en que el proyecto es un buen paso hacia la depuración y el afianzamiento de las instituciones democráticas pero sus críticos insisten en que el cambio es mas profundo e implica una reforma al sistema electoral y de partidos. Para Merchan, es "necesario cuando menos garantizar unos elegidos más representativos, unos partidos más fuertes y cohesionados, una oposición a la que se le den los espacios reales para disentir y una relación entre Ejecutivo y Legislativo que sea dinámica, constructiva y que erradique las prebendas clientelistas como única forma de interlocución" y agrega, "que mientras exista un marco institucional que sea alcahueta con fenómenos como la operación avispa, la fragmentación y la indisciplina partidista, el clientelismo y la "política al menudeo", serán pocos lo cambios reales que el sistema político puede esperar de la reforma".

Aunque el debate apenas comienza ya está sobre la mesa un ambiciosos proyecto y el ambiente no le es desfavorable. El Congreso ha mostrado una inclinación en aceptar la mayoría de los puntos del referendo pero a cambio de una reforma política más amplia y concertada que se tramite a través de un acto legislativo y un conjunto de proyectos de leyes. Según un editorial del diario El Tiempo hay un entorno de condiciones " que no se había presentado en muchos años: consenso sobre aspectos fundamentales, mayorías legislativas alineadas con el Jefe del Estado, una oposición que presenta su propia iniciativa sobre la materia, y una opinión pública que presiona a favor del cambio".

Ojalá que este clima sea propicio para discutir temas de fondo que ayuden a construir en Colombia una política más representativa y legitima que amplie su democracia. Ya hay un proyecto en marcha y el gobierno está demostrando liderazgo. Ahora lo que se requiere por parte de los demás sectores, es actuar con seriedad y abrir los estrechos caminos de expresión política, que han impedido llevar a cabo las profundas reformas institucionales que una nación como Colombia requiere.

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